FERNANDO POLACK PRESENTÓ UN ESTUDIO REALIZADO CON EL COVID-19: “EL USO DE PLASMA TRANSFORMA LA ENFERMEDAD EN UN MAL CATARRO”

Los resultados preliminares de la investigación que presentó Polack afirman que el uso temprano de plasma de convaleciente en adultos mayores de más de 65 años con COVID-19 leve, que tuvo una eficacia de más del 60 por ciento.

Mediante una conferencia de prensa en el SUM del Estadio Antonio Vespucio Liberti, la Fundación Infant, con el prestigioso infectólogo Fernando Polack a la cabeza, reveló los resultados preliminares de la investigación sobre uso temprano de plasma de convaleciente en adultos mayores de más de 65 años con COVID-19 leve, los cuales demostraron una eficacia del 61% para evitar que el coronavirus se desarrolle en una enfermedad grave y evolucione solamente, en palabras del especialista, en “un mal catarro”.

Para presentar cómo fue la investigación, Polack usó la analogía de un robo al mencionar que este estudio se lo puede explicar por ejemplo como cuando un ladrón, en este caso el virus, entra en una habitación, que sería nuestro organismo. “Con el uso del plasma en forma temprana, logramos que el ladrón no llegue a robar, o sea, que el virus no logre desarrollar su enfermedad grave. El plasma es sólo un vehículo que lleva anticuerpos. El 28% de las personas tiene, según nuestro estudio, la cantidad de anticuerpos necesarios para donar plasma para este tratamiento. Restringiendo los donantes a los de mayores concentraciones de anticuerpos, es posible mejorar el rendimiento del plasma aún más. Los pacientes que tuvieron neumonía o necesitaron internarse son quienes más anticuerpos suelen producir”, explicó.

De esta manera, y en línea con el uso de derivados del plasma –como la gammaglobulina hiperinmune y las drogas antivirales en otras enfermedades–, el plasma rico en anticuerpos actúa al comienzo de la enfermedad evitando que avance, a diferencia de los ensayos realizados en pacientes graves donde detener la progresión del COVID-19 se hace más difícil y no se han encontrado beneficios concluyentes en su utilización. Así, el equipo administró el plasma a las 72 horas de síntomas leves activos, en pacientes confirmados con COVID-19 con enfermedad leve. El 11% de las personas que recibieron plasma se enfermó gravemente frente al 30% de enfermos graves de los que recibieron placebo.

“Esto cambia el foco de a quiénes administrarles plasma. Es una intervención para esa población que estará disponible mucho antes de la llegada de una vacuna para COVID-19 en el país”, aseguró Polack, que destacó que a diferencia de otros estudios realizados con plasma cuando al paciente ya cursa la enfermedad grave, la utilización tan temprana de este recurso interrumpe el curso normal de la infección y es capaz de detener la evolución de la enfermedad grave en la que luego será necesaria una internación en terapia intensiva y con demanda de un respirador. “Este estudio describe la primera estrategia en el mundo para detener la progresión del SARS- COV2 con una intervencion económica, universal, no sujeta a patentes, probadamente segura y que puede administrarse en forma ambulatoria en unidades de atención sin necesidad de hospitalizacion”, sostuvo Polack.

La investigación permitió demostrar que, al analizar la letalidad a los 28 días del ingreso, el uso de plasma de convalecientes se asoció de forma significativa a una reducción de la mortalidad del 24,4%. El ensayo, que se realizó entre los meses de junio y octubre últimos, involucró a 160 adultos mayores, con un promedio de edad de 77 años, divididos en dos grupos. Los de más de 65 años con al menos una comorbilidad (hipertensión, diabetes, obesidad, insuficiencia renal y/o enfermedad pulmonar obstructiva crónica), y luego a todos los mayores de 75 años. Según detalló Polack, el plasma se utilizó en una sola dosis y logró funcionar en los pacientes con comorbilidades, ya que un alto porcentaje de los pacientes en los que lo probaron tenían enfermedades preexistentes: un 75% eran hipertensos, un 30% eran diabéticos, y un 25% tenían enfermedades cardiovasculares.

Para el estudio, se capacitó a más de 100 voluntarios que ayudaron día y noche en la identificación de posibles pacientes para enrolar en el estudio, provenientes de sus hogares y geriátricos del conurbano bonaerense, referidos a través de la colaboración del PAMI, o llegados a consultas en las clínicas de Capital Federal. Este estudio, realizado con científicos argentinos, es la primera evidencia en el mundo de un tratamiento universal, accesible y seguro que puede salvar vidas hasta que haya vacunas disponibles.