La Feria del Libro de Buenos Aires celebró su 50° aniversario con un logro institucional de primer nivel: fue postulada oficialmente al Premio Princesa de Asturias en la categoría Comunicación y Humanidades, respaldada por figuras como Joan Manuel Serrat, Sergio Ramírez y Leonardo Padura. La edición 2026, que se desarrolló entre el 23 de abril y el 14 de mayo en el predio de La Rural, contó con un plantel de lujo que incluía al Nobel J.M. Coetzee, Fernando Aramburu, Andrea Bajani y la coreana Kim Ho-yeon. Sin embargo, por debajo del brillo institucional y los reflectores internacionales, los números mostraron una realidad más gris: los lectores argentinos visitaron menos y gastaron poco, reflejando el impacto del ajuste económico en el consumo cultural.
La comparación con la edición de 2025 es contundente. Mientras el año anterior la feria había recibido 1.250.000 visitantes, en 2026 se proyectaron 980.000 personas, lo que representa una caída del 21,6%. Las ventas de ejemplares también se desplomaron: de 2,1 millones de libros en 2025 a 1,5 millones estimados en 2026, un retroceso del 28,5%. El gasto promedio por visitante pasó de $18.500 a $15.200, una disminución del 17,8% en términos nominales que se profundiza en términos reales si se considera la inflación acumulada. La asistencia a charlas y talleres también sufrió: la ocupación promedio bajó del 85% al 62%, y la cantidad de invitados internacionales se redujo de 42 a 38.
El perfil del lector “gasolero” se consolidó en esta edición aniversario. A diferencia de 2025, cuando los asistentes recorrían pabellones enteros y compraban novedades sin tantas restricciones, en 2026 el público privilegió los títulos de saldo, las ofertas y los libros de menor precio. Las editoriales pequeñas y medianas fueron las más afectadas, con caídas en sus ventas de hasta el 35% interanual. “La gente viene, mira, saca fotos con los autores, pero al momento de comprar se cuida. Prefieren un libro de 5.000 antes que la novedad de 25.000”, explicó un librero independiente. Las promociones bancarias, como cuotas sin interés y descuentos con billeteras virtuales, pasaron de ser un atractivo adicional en 2025 a convertirse en una condición excluyente para concretar la venta en 2026.
A pesar de la caída de asistencia y ventas, la postulación al Premio Princesa de Asturias representa un hito simbólico de enorme valor para la feria. Compite con 363 candidaturas de 67 nacionalidades, y el respaldo internacional que recibió —desde Serrat hasta la directora del Hay Festival— la posiciona como una de las favoritas. El director de la feria, Ezequiel Martínez, declaró: “Más allá del resultado, este reconocimiento ya es un triunfo. La feria sigue siendo el corazón cultural de Buenos Aires, aunque sabemos que el contexto económico golpea. Los lectores vienen, pero con el bolsillo ajustado”. La paradoja de esta edición aniversario es clara: la Feria del Libro de Buenos Aires celebra medio siglo con el prestigio asegurado por su postulación internacional, pero enfrenta el desafío de mantener su convocatoria en un año de ajuste, donde los lectores visitan poco, gastan barato y el entusiasmo cultural choca de frente con la realidad de los recursos disponibles.
